Un sello por cada palito
Da una palmada en el salón y otra en el baño. La del salón se apaga enseguida y la del baño se queda sonando, como una cola que va muriendo, porque el sonido rebota en las paredes duras y llega a tus oídos una y otra vez, cada vez más flojo. Esa cola no depende de cómo des la palmada: es una característica de la sala. Un impulso es un sonido tan breve que casi no le da tiempo a tener forma, un palito solo, y el más corto del audio digital es una sola muestra; una palmada se le parece, un globo que revienta todavía más. Lo que la sala devuelve ante un impulso, su huella, es la respuesta al impulso, y es exactamente el sello de la imagen.
Que esa huella baste para saber qué hará la sala con cualquier sonido se debe a dos reglas. La primera es que, si das la palmada el doble de fuerte, la cola sale el doble de fuerte, y que si juntas dos sonidos, la sala responde a cada uno por su lado y suma las respuestas. La segunda es que, si das la palmada un segundo más tarde, sale la misma cola un segundo más tarde, porque la sala no cambia con el tiempo. Un sistema que cumple las dos es un sistema lineal e invariante, y lo son, al menos de forma aproximada, las salas, los filtros de la lección 6, las lentes y la media móvil. Con esas dos reglas, tu voz es una fila de palitos y la sala responde a cada palito con su sello.
Esta es la entrada: tres palitos verdes. Consigue la salida que dibuja la línea discontinua estampando un sello por cada palito en el carril de abajo.
Toca una de las columnas del carril: la altura de tu toque es el tamaño del sello, y por debajo del cero sale dado la vuelta. Toca un sello por su cabeza para quitarlo, o toca a otra altura para cambiarlo. Con el teclado, pulsa sobre el lienzo con el tabulador, elige columna con las flechas izquierda y derecha, cambia el tamaño con las de arriba y abajo (con Mayúsculas, a saltos) y quita el sello con Suprimir.