El pitido es un eco que vuelve
Un micrófono, un amplificador, un altavoz y el aire de la sala forman un círculo cerrado: lo que entra por el micrófono sale por el altavoz, cruza la sala y vuelve a entrar un instante después. Cuando un sistema usa así lo que él mismo acaba de producir, se habla de realimentación, y el pitido que aparece cuando se descontrola se llama acople.
En cada vuelta, el sonido regresa multiplicado por un número que depende de todo lo que hay en el círculo: lo sensible que es el micrófono, lo alto que está el volumen, hacia dónde apunta el altavoz, la distancia entre los dos y lo que reflejan las paredes. Ese número es la ganancia del lazo, y es el mando de la imagen de arriba. Además, no todas las frecuencias vuelven igual: la sala refuerza unas y apaga otras, y cada una llega con la onda en un punto distinto de su vuelta, la fase de la lección 1.
Para que algo pite hacen falta las dos cosas a la vez: que en alguna frecuencia el sonido vuelva igual de fuerte o más, y que llegue a tiempo, con la onda en el mismo punto de su vuelta, de modo que se sume a sí mismo en lugar de restarse. Entonces cada vuelta multiplica el sonido por un número mayor que uno, el crecimiento es exponencial y en un instante el pitido llega a lo máximo que da el amplificador, y ahí se queda. Lo que oyes es el pico de la sala que mejor encaja, y por eso pita una frecuencia concreta y no todas.
La misma historia se puede contar con números, sin altavoces. Un filtro que suma a su salida una fracción de lo que salió un rato antes es un eco que se alimenta de sí mismo. Si la fracción es menor que uno, cada eco es más pequeño que el anterior; si es uno, todos son iguales, y si es mayor, cada uno supera al anterior. En el reto, el eco tarda un cuarto de segundo en volver y la fracción es el mando.
Encuentra el valor del mando en el que el eco ni se apaga ni crece. Escucha cómo suena una palmada al pasar por el eco y, cuando creas haberlo encontrado, pulsa «Comprobar».